YOGA EN EL EMBARAZO, el cuidado de los pequeños detalles y los rituales

YOGA EN EL EMBARAZO, el cuidado de los pequeños detalles y los rituales

Si tuviera que describir lo que aprendí en mis embarazos, empezaría con la importancia de los rituales. Hasta ese momento no había sido consciente de su valor y utilidad. Ellos hacen de lo cotidiano algo especial, conectan el pensamiento, la emoción y  la acción.

Este artículo está escrito sobre todo desde el corazón de la propia experiencia y completado con el conocimiento aportado por Tere Puig en su formación de yoga para el embarazo, embarazo y suelo pélvico de FisiomYoga y otras formaciones de entrenamiento en el embarazo y suelo pélvico.

El embarazo es un periodo de entrega. Cambios constantes que escapan a nuestro control se suceden tanto en nuestro cuerpo como en nuestras emociones y pensamientos. Todo resulta nuevo, y cambiante. Además cada embarazo en sí puede ser también totalmente diferente. Una vez aceptado el descontrol que esto supone, se expandió en mí una sensación de tranquilidad y un espacio mental que antes sólo había vivenciado después de algún trabajo específico; nunca de forma espontánea ni, desde luego, duradera. Todo un regalo para poder comprender que hay otras maneras de vivirnos diferentes de las que transitamos habitualmente. 

Me resultaba muy importante cuidar la relación conmigo misma y con la vida que se estaba gestando en mi interior. Sentir respeto por el entorno y la naturaleza. Y un gran cuidado por las formas, por cómo se hacían las cosas, los detalles. Colocar bien la esterilla, encender unas velitas, elegir la música, utilizar algún aceite esencial, incienso, etc. Todo ello se convirtió en una parte muy importante de la práctica de yoga.

Estos rituales preparatorios me conectaban con la gratitud y la paz. Tomarme el tiempo y el espacio necesarios para parar y sentirme se convirtió en el mejor regalo que le podía hacer a mi bebé. Un ser que crecía sin cesar y sin que yo tuviera que hacer nada. La vida sucede, nos sucede, nos atraviesa.

Estas preguntas me resonaban constantemente:

¿Quién soy? ¿Qué necesito ahora? ¿Qué necesitas a través de mi?

Las formulaba y simplemente esperaba, que el propio cuerpo buscara la manera de atenderlas. No esperaba una respuesta mental, pues el embarazo es de todo menos un periodo para trabajar con la energía mental.

Algunas de las cosas que me sucedieron fueron:

  • Necesidad de tener tiempo para mí, cuidar mi intimidad y mi relación conmigo misma. Aprovechando para hacer yoga, meditación, masajes en seco con cepillo para despertar y activar el cuerpo, masajes con aceites, hidratar bien el cuerpo también por dentro, mascarillas naturales, leer, dedicar tiempo a hacer simplemente lo que me apeteciera… o simplemente nada. Evidentemente esto resulta más difícil en el segundo embarazo, pero unos momentos para una misma, aunque sean cortitos pueden marcar la diferencia. 

 

  • Abrirme a que el cuerpo hiciera su trabajo y me enseñara. Afinar el sensor interno. Observar cuándo poner límites, cuando descansar. Conectar con el instinto para decidir qué sadhana o práctica de yoga necesitaba. En definitiva, dejar que se expresara tanto mi cuerpo como el bebé a través de él.

 

  • Buscar la coherencia con el entorno, cuidando y disfrutando del mundo y de mis relaciones cercanas. Intentando generar menos residuos, reflexionando sobre mi forma de vida y comprando comida ecológica y no procesada, comida de verdad. Intentando vivir más en armonía con la naturaleza, sus ciclos sus estímulos. La naturaleza que también somos nosotr@s. Puedes ir al campo o por lo menos al parque bajo los árboles, escuchar música de pájaros cantando, de las olas del mar, etc. Siempre podemos hacer algo que nos acerque a la naturaleza de alguna u otra manera. 

 

  • Soltar, dejar ir lo que realmente no necesito o ya no quiero. Quedarme con lo esencial, lo verdaderamente importante y dejar espacio para lo nuevo, para la magia de lo inesperado. Sumergirse en la aventura de la incertidumbre y confiar. 

 

En la práctica diaria de yoga durante el embarazo podría recomendar:

Relajaciones a través de visualizaciones de mi bebé o conectándome con él a nivel energético.

Meditaciones dedicadas al bebé o para cultivar el silencia interior, la confianza en nuestro cuerpo y su sabiduría interna.

Pranayama o respiraciones para abrir espacios internos y que el bebé acceda a todo lo que necesite de mi cuerpo. Utilizar pranayamas relajantes que no requieran apneas.

A nivel físico, en asana me pareció importante tener en cuenta:

  • El cuerpo tiene otro ritmo más lento, necesitamos tomarnos el tiempo necesario. Aunque la vida que hayamos elegido parece empujarnos a gran velocidad, nuestra labor consciente reside en poner el freno y entender que es mejor menos pero con más sentido. Puede ser un buen momento para indagar en la filosofía slow life.
  • El cuerpo tiene más flexibilidad gracias a la relaxina por lo que no conviene mantener mucho las asanas ni forzar hasta el final. Sería más recomendable hacer repeticiones suaves o vinyasa suave. Será interesante trabajar la movilidad articular y sobre todo la fuerza más que el estiramiento de los músculos. Las hormonas harán nuestras articulaciones más inestables por lo que necesitaremos de nuestros músculos para estabilizarlas. Sobre todo en la pelvis, zona púbica, ingles (caderas) y articulación sacroilíaca.
  • Será adecuado el trabajo de fuerza también para nuestras piernas y brazos, ya que necesitaremos una buena masa muscular para coger, abrazar y trasportar a nuestro bebé sin sufrir de dolores o molestias.
  • Especial atención a Muladara (suelo pélvico) durante la práctica. Cerrando y contrayendo durante la asana y relajando completamente después. Queremos un suelo pélvico fuerte y flexible; despierto y funcional.
  • Tener en cuenta las compensaciones físicas que suceden durante el embarazo para la correcta colocación en asana y en la vida diaria: aumenta la lordosis lumbar y la cifosis dorsal, la pelvis cae más en anteversión por el peso del útero y el eje corporal se inclina hacia delante.
  • Insistir en la movilidad y apertura de las caderas para facilitar el parto. Trabajando a nivel óseo, muscular y fascial.
  • No olvidarnos del transverso o musculatura abdominal profunda. Esta musculatura tiene que ceder, pero además tiene que sujetar. Conviene mantener un buen tono que, además de ayudarnos a proteger nuestra espalda, nos permitirá recuperarnos de una manera óptima después del parto. Podemos trabajar el transveso a través de  exhalaciones profundas o de asanas como tripadasana (asistida si fuera necesario). Nunca en apneas, como en nauli (hipopresivos) o en algunos pranayamas (respiraciones). A no ser que estemos en el último mes de embarazo, en este caso nos pueden facilitar la preparación al parto (siempre habiendo consultado con nuestro ginecólogo).
  • Tener en cuenta que el psoas, los isquiotibiales y los lumbares se acortan por las nuevas compensaciones. Ayudar a relajar y estirar estos músculos.
  • También es recomendable algo de ejercicio cardiovascular como pasear, bailar, bici, yoga vinyasa.

 

Pero cada trimestre es muy diferente. Son periodos que nos facilitan diferentes aprendizajes:

En el primer trimestre: ceder, perder el miedo a no controlar lo que sucede, dejar que el cuerpo se abra y cree nuevos espacios.

En el segundo trimestre: reafirmarme, conectar con mis necesidades, mis nuevos ritmos, dejar que todo fluya y disfrutar y crear un buen sostén y estructura (interna y externa) para el bebé.

En el tercer trimestre: prepararme para soltar, preparar el espacio externo para dar la bienvenida y permitir que mi vida cambie por completo.

 ¡En próximas entradas intentaré desarrollar más concretamente qué supuso cada trimestre para mí!

 

 

 

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