¿Y si estar tristes o enfadad@s nos ayudara a ser más felices?

¿Y si estar tristes o enfadad@s nos ayudara a ser más felices?

Intentamos ser quien no somos, más bien quien nos gustaría ser o cómo creemos que deberíamos ser. Y desde ahí solemos confundir el verdadero significado de la Inteligencia Emocional. Pensamos que contra más tranquilos, inmutables estemos más evolucionados seremos y en el momento en el que se apodera de nosotr@s la tristeza o la ira por ejemplo, ha esto le añadimos cierto grado de maltrato hacia nosotros mismos. “Sentir esto no es bueno… otra vez me ha vuelto a pasar… pero si parecía que esto lo tenía superado…”

Las emociones siempre van a estar ahí demostrándonos que estamos vivos y que somos humanos, lo único que podemos cambiar es la forma en la que las recibimos y desde ese lugar, la forma en la que las canalizamos. La cuestión no es tener que resignarse a padecerlas sino darles las gracias porque realmente tienen una función y podemos aprovecharla. Ser más feliz no es no enfadarse o nunca estar triste. Somos naturaleza, somos cíclicos, somos equilibrio en constante movimiento.

A veces intentamos aparentar no ser humanos, pasar de puntillas por las experiencias, no sumergirnos en la vida, pero acabamos sintiéndonos vacíos, como si algo nos faltara porque hemos dejado de aprovechar los impulsos vitales que  nos ofrece nuestro cuerpo. 

La Inteligencia Emocional comienza con reconocer y aceptar esos movimientos emocionales que vibran en nuestro cuerpo. Para después aprender a gestionarlos y canalizarlos de la mejor manera posible, en nuestro beneficio y en el beneficio de los otros, que también somos nosotr@. Pero claro esto de los procesos parece que no se nos da del todo bien, queremos correr, saltar fases, llegar a lo que entendemos como meta y se nos olvidan los primeros pasos reconocer y aceptar. Muchas veces nos autoengañamos  pensando que gestionamos muy bien las emociones, porque no las expresamos de una manera inadaptada pero lo que realmente ocurre es que las estamos reprimiendo. Creo que hace falta un alto grado de humildad hacia uno mismo para darnos cuenta de cuando nos sucede esto. Yo muchas veces me veo pensando lo bien que hago algo y a continuación me doy cuenta que en realidad estoy escondíendome a mi misma alguna dificultad, y entonces sólo puedo sonreirme y e intentar quererme un poco más. Estamos repletos de creencias sobre cómo deberíamos ser, lo que deberíamos sentir, como deberíamos comportarnos y nos olvidamos de conocernos. Nos movemos en un pequeño repertorio de reacciones automáticas que evitan que estemos en contacto con nuestra emoción, huir o atacar y adelante no hay más.

Para mí la emoción más complicada es la ira, esa emoción prohibida para las mujeres durante tanto tiempo. Todavía la descubro demasiado tarde, cuando siento malestar, pero cada vez creo que la reconozco un poco antes. Esto me permite algunas veces observar que me pasa por dentro cuando me enfado, en ved de llevar toda mi atención a ese suceso o persona que creemos culpable de lo que nos ocurre, simplemente observo el calor interno que nace en mi cuerpo y me doy cuenta que una energía inimaginable me recorre, que soy fuerte, capaz, que podría con todo lo que la vida me pusiera delante. Y esta sensación me encanta. Todavía estoy experimentando formas de aprovecharla y por ahora hacer deporte me parece la manera más adecuada, me hace sentir viva, amplia con ganas de traspasar todas las paredes que mis miedos me construyan. La rábia nos levanta de la silla, nos echa al mundo, nos contacta con nuestra fisicalidad, nos permite gritar que estamos vivos y que nos damos cuenta. 

La tristeza tiene otra labor bien diferente, nos interioriza, nos para, nos hacer más pacientes, nos permite coger espacio para con las cosas y nos hipersensibiliza hacia nosotros y hacia el entorno. A veces sentimos miedo a estar triste, como si esto fuera un sinónimo de caer en un pozo de donde no podremos salir, se nos olvida que somos cíclicos y que todo evoluciona, nos quedaremos atrapados únicamente cuando nos resistamos a sentir esa tristeza, cuando estemos continuamente huyendo de ella y ella nos persiga. Personalmente cuando me permito estar triste conecto con cierta humildad, humildad de sentir que soy humana y me permite profundizar más en las cosas, darme cuenta de lo increíble que es vivir y estar rodeada de aire, respirar, ver… me acuerdo de que dentro de mí está todo y acabo sintiendo paz y confianza.

Permítete sentir la tristeza y la ira, permítete estar vivo y aprovecha cada ciclo, cada momento para reconectarte con toda tu energía y con toda tu paz, cada cosa en su momento, sólo confía.

 

 

 

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