Blog de Amaia

¿Qué piensas sobre dios?

«¿Qué idea tienes de Dios?»

Cuando me plantearon esta pregunta me hicieron reflexionar mucho, la verdad.

Analizando la pregunta: pensar e idea son palabras que nos llevan de lleno a lo racional, a la mente. Sin embargo lo espiritual y lo racional creo que son temas que no podemos meter en el mismo saco. En el momento en que intentamos acotar el ámbito espiritual a una idea creamos un constructo mental y eso ya no es espiritual.

Entonces… ¿Y qué importa? ¿Qué importa la idea que tengamos de algo que no se puede pensar? ¿Qué sentido tiene imaginarnos algo intangible? Pero el ego necesita concretar, entender, acotar, sino se siente inseguro y perdido. Es por ello que en cada religión o contexto histórico encontramos una idea u otra de dios. Pongamos por ejemplo el catolicismo: un hombre blanco que nos juzga severamente desde lo alto. Sin entrar en lo que supone esta imagen a nivel de género y raza, tendríamos mucho de lo que hablar. Como apunta Fray Marcos, las religiones deberían actualizarse y adaptarse a cada tiempo histórico. Teólogo que insiste en la necesidad de reinterpretar los textos sagrados desde una visión no literal: «Dios, hoy y para mí,es un ámbito en el que yo me puedo desarrollar; una realidad que me está empujando a ser más humano. Un Dios fuera de nosotros es siempre un ídolo, es una creación nuestra.»

La pregunta debería ser algo así: «¿Cómo vives lo espiritual, lo trascendente?» Aunque intentar reflexionar sobre este tema ya lo acota, lo limita a nuestra razón. Entonces quizá deberíamos hablar de emoción, sensación o intuición… no lo se… quizá simplemente sería impresión o conexión.

Siento que lo trascendente es algo innato al ser humano, siempre está, no importa lo que pensemos sobre Dios o como queramos llamarlo. Ni siquiera importa si negamos esta idea, para mí es parte del estar vivo. Es inherente a la vida, simplemente inevitable.

Pero entra la razón…

No tengo una idea de un Dios que nos observa desde fuera, como encontramos en algunas religiones. Pero sí tengo la idea, quizá más abstracta y difícil de digerir, de algo que es mayor que yo. Algo que yo desde mi naturaleza física no puedo entender, como si una hoja no pudiera tener la idea de árbol y menos de bosque. Una realidad transcendental que no se encuentra fuera de mi, sino que me conecta con todo. La meditación hace que esta experiencia de unidad se haga accesible para mi.

Tengo la sensación de algo que me engloba, instantes de paz y comprensión (no racional, «desde el corazón» podría decir, para entendernos). Algo que no puedo explicar y que me hace comprender y creer con plenitud que existe mucho más de lo que nuestra mente pensante y limitada puede conocer.

Cada religión o cada ser humano en su búsqueda propia de la espiritualidad encuentra su propia manera, su viaje según las características de cada sociedad, de cada tiempo y cada ego: muchos dioses, dioses de cuatro cabezas, un dios todopoderoso, la naturaleza, el cosmos… incluso para algunas personas puede ser el arte, la montaña o hacer punto. Por fin estamos desmaterializando a Dios y superando una visión antropológica del mismo, creada por una proyección de nuestro inconsciente. Encontrar nuestra manera particular nos ayuda a vivir lo espiritual con más intimidad y cercanía. Pero esas diferencias no importan porque en realidad no es necesario tener una idea de Dios o de lo trascendental, simplemente ES, por muchos disfraces que le queramos poner.

En este siglo se nos ha abierto la posibilidad de acercarse a lo espiritual sin el marco de una religión. La apertura a las filosofías orientales han tenido bastante que ver en esta posinilidad. De todas formas esto conlleva muchos peligros y requiere de una revisión constante, el ego es adaptable y muy perspicaz. Es necesaria una buena carga de humildad y compasión para no caer en el camino del ego espiritualizado y esto no nos resulta nada sencillo todavía.

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