Yoga en el postparto, ¿dónde está mi esterilla?

Yoga en el postparto, ¿dónde está mi esterilla?

Si tuviera que describir en una frase mi experiencia con el yoga en el postparto  sería algo así como: un aprendizaje total sobre el descontrol.

Descontrol porque no controlo los cambios que suceden en mi cuerpo, ni puedo planificar mi tiempo, ni controlar mi espacio (no puedo elegir dónde estar ni en qué posición). Si el parto supuso una entrega total a mi cuerpo, a la naturaleza,  la pérdida de control de la mente. El postparto, de otra manera sigue enseñándome las mismas lecciones. Quiero darte las gracias Isabel Zabalza por tu acompañamiento en el parto y en el postparto. Tu calor y sabiduría han hecho de esta aventura una experiencia maravillosa.

No se puede practicar todo lo que uno querría pero no dejándome vencer por esto, el nuevo lema sería: a pesar de todos los peros siempre se puede hacer algo. Además todo cambia tan rápido que exige de flexibilidad total, estar atento a las nuevas posibilidades y adaptarse a ellas. Ya no es posible planificar, esto para mí ha sido una gran lección pero se pueden tener diferentes opciones en la cabeza para llevarlas acabo cuando sea posible. Saber qué le viene bien a uno mismo, qué tipo de prácticas puede realizar según el momento, el lugar e incluso la posición (sentada dando pecho: pranayama, observando a mi bebé: meditación, de pie porteando: algunas asanas, pranayama, liberar el cuello…creatividad al poder). Vamos que si hubiera esperado a encender una vela, poner mi esterilla de yoga, tener una hora y media seguida libre, llevar la ropa más adecuada… a día de hoy, a cuatro meses del parto, seguiría esperando.

¡Agarrar con fuerza lo mejor y olvidarnos de lo perfecto!

Gracias Rebeka por este lema

De repente, cualquier lugar es apropiado para reencontrarme con mi cuerpo, con mi respiración, para llamar a mi esencia. No importa que sean escasos minutos, que tenga compañía, ruidos, que sean las cinco de la mañana… Antes a mi compañero y a mí nos gustaba practicar juntos pero por ahora estamos aprendiendo a hacer relevos.

Todo es cambiante y emocionante, no se que podré hacer la próxima semana, ni siquiera mañana.

Al principio, el mejor momento para hacer yoga era cuando mi bebé dormía en brazos de mi compañero o de sus abuelos. Al llegar a los dos meses y medio me di cuenta de que siempre se despertaba de buen humor y permanecía feliz en una mantita jugando y mirándome mientras yo comenzaba el día con suryanamaskar y nauli (eso que ahora llaman hipopresivos).

El primer mes, aprovechaba cuando dormía la bebé para dormir o descansar pero me podía la necesidad de volver a conectarme con mi cuerpo (distinto, vacío, deshinchado) de volver a conocerlo, de entender que necesitaba esta vez. Y cerraba los ojos, sentir, estirarme y respirar con conciencia. Decidí agradecerle todo el esfuerzo que había hecho cuidando y alimentando a mi bebé durante nueve meses y recompensarlo mimándolo: cepillado en seco, ducha calentita, aceites corporales, relajaciones, automasaje miofascial, comiendo comida limpia, rica y nutritiva…

Durante la cuarentena, permitiendo que mi útero volviera a su posición, el hatha yoga que practiqué era suave y muy controlado. Escuchaba mi cuerpo y observaba qué me pedía en cada pequeño descanso que tenía, esta era la clave. Evitando sentarme con las piernas abiertas (por lo menos durante tres semanas), realicé asanas integradoras, simétricas, siempre de una manera más o menos dinámica sin mantener demasiado tiempo las posiciones ya que los tejidos todavía están llenos de relaxina y las articulaciones demasiado flexibles. Movilizaciones suaves del cuello, apertura de pecho, extensiones acompañadas de pranayama, apertura de los costados, relajaciones en el suelo abriendo el pecho y muy importante, trabajo de suelo pélvico (kejel) y de uddiyana bandha (los hoy llamados hipopresivos) acostada sobre la espalda.  Todo esto no iba seguido, claro. No solía haber tiempo. La práctica estaba ahí y cuando podía hacer dos o tres asanas aprovechaba, en cualquier lugar y a cualquier hora.

Después del parto es importante volver a integrar el cuerpo, compactarlo, retrasar el eje corporal, abrir el corazón para favorecer la lactancia, cerrar la pelvis, fortalecer las piernas, recolocar los órganos y purificar el hígado que suele sufrir mucho en estos procesos. Reciclar energía y reequilibrar las hormonas. Respiraciones que nos energeticen en ciertos momentos y otras que nos ayuden a descansar. Asanas que nos recoloquen y nos ayuden a habitar el cuerpo de esta nueva manera.

Poco a poco he podido ir añadiendo uddiyana bandha en otras posiciones, surya namaskar, más y más aperturas de pecho, respirar y respirar, haciendo espacio para el corazón y los pulmones y evitando las tensiones que se pueden acumular al abrazar y transportar a la bebé. Torsiones para desintoxicar el hígado, tonificar el centro de una manera segura y reequilibrar la energía a través de inversiones y de pasear y pasear con la bebé.

Me parece interesante aprovechar el yoga para trabajar el vínculo con el bebé e indagar en el nuevo rol de madre

A través de caricias, masajes, relajaciones, meditaciones y permitiendo que el bebé me acompañe en algunas asanas, todo se puede convertir en comunicación y juego. Cantar mantras es una manera muy buena de relajar a la bebé y dormirla (nunca había cantado tanto la verdad) a ratos casi se me olvida que siempre me han dicho que canto mal, jeje. Muchas veces es duro físicamente: sueño, posturas mantenidas sujetando a la bebé, porteo… Resulta imprescindible compensar físicamente estas cosas aunque sólo sea respirando ampliamente, haciendo más espacio en nuestro interior de vez en cuando. Gracias Itziar Vicente por tus enseñanzas respecto al yoga con bebés.

No podemos olvidar la ergonomía. Por un lado, una se vuelve una experta en la colocación de cojines de una u otra manera para sentirse lo más cómoda posible. Y por otro a utilizar todo tipo de porteadores según el momento o la necesidad. Otro punto importante es optimizar el descanso. Al comienzo, cuándo la emoción no me dejaba relajarme y descansar cuando la bebé dormía (siempre te dicen, “descansa cuando el bebé descanse”, pero no siempre el sistema nervioso está preparado para ello…) aprovechaba para meditar, observar la respiración y permanecer en el presente. La meditación coloca nuestro cerebro en ondas alfa, podríamos decir la modalidad más creativa y restaurativa de nuestra mente que permite que nuestro cuerpo y mente pensante descansen y recuperemos energía mucho más rápido que en el mismo sueño. Pero si tengo que hablar de meditación, para mi lo más importante son esos momentos en los que siento más que nunca el presente cuando miro a mi bebé y la siento tan cerca, tan viva.

Recuerdo clases de Mindfullnes, haciendo ejercicios como realizar tareas sólo utilizando una mano o limpiarse los dientes y comer con la mano izquierda, rompiendo así los movimientos automáticos y necesitando estar mucho más presente en lo que estas haciendo. Esta práctica viene dada en el postpart. Llevando a la bebe en un brazo sólo queda uno libre o al darle el pecho derecho (en mi caso soy diestra) y necesitar hacer algo, sólo queda la mano izquierda libre. Realmente una aprende a manejarse de una manera mucho más específica y presente, eso sí, tirando mucho de nuestra gran amiga la paciencia, claro.

Algo maravilloso que me ha pasado ya desde el embarazo es que pienso menos. Sí así como suena. Tengo menos “ralladas mentales”. En realidad creo que, como la energía es limitada y hay prioridades, el cuerpo decide no gastar demasiada pensando o dando vueltas a problemas y obsesiones. Como si de un plumazo hubiera mucho más aire fresco en mi mente y me permitiera disfrutar más de la vida. Además,  parece que el tiempo pasara mucho más deprisa. Ahora, los días  tienen poquísimas horas. Al tener poco tiempo libre (poco y desperdigado) me viene esta pregunta constantemente a la cabeza:

¿En qué me gustaría utilizar mi tiempo?

¿Qué es lo verdaderamente importante para mi ahora?

 

Siento la necesidad de identificar qué es lo esencial, de limpiar y limpiar lo superfluo, aquello que me consume energía, tiempo y espacio. Tanto a nivel físico externo (objetos, pertenencias…) como interno (tendencias, hábitos, relaciones…). En este camino estoy descubriendo el Minimalismo, un movimiento super interesante que nos ayuda a identificar lo verdaderamente importante para cada uno y dejar ir lo superfluo. De esta manera, nos llenamos de libertad, de espacio, de nuevas posibilidades. Me he dado cuenta que en este momento, simplificar y simplificar es necesario, sobre todo para una persona adicta a la productividad como yo. Me estoy permitiendo replantearme cuales son mis valores y si mi vida es coherente con ellos. Poder hacer esto es un gran lujo, la verdad.

Pero lo más importante que podría decir acerca del yoga y el postparto es que el bebé es el mayor maestro. Vive en el presente, totalmente rendido a lo que le sucede. Para el todo lo que percibe es él mismo. Si yoga es unión, un bebé practica yoga en todo momento.

Gracias Eliane por ser nuestra maestra.

 

 

 

 

 

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